La experiencia fue impulsada por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), a través de su área de Tecnologías Sustentables, junto al Gobierno de Río Negro mediante la Dirección de Recursos Forestales de Valles Irrigados. El trabajo pone en foco la madera de álamo producida en los valles de la provincia y su potencial para integrarse a soluciones constructivas.
El estudio analiza una técnica basada en materiales naturales —madera de álamo, fibras vegetales y tierra— y evalúa su desempeño en aspectos clave como la conductividad térmica y la resistencia al fuego. Este tipo de información permite avanzar en la validación de sistemas constructivos que, hasta ahora, no contaban con respaldo técnico en el país para este uso específico.
En los valles irrigados, el álamo ha sido históricamente un recurso vinculado a la protección de cultivos y a distintos usos industriales. Hoy, esa base productiva empieza a proyectarse hacia el sector de la construcción, incorporando conocimiento y abriendo nuevas posibilidades para la cadena foresto-industrial.
Antonio Puerta, director de Valles Irrigados, explicó que este avance permite dar un paso concreto en el agregado de valor: “Estamos transformando un recurso propio de nuestra región en una alternativa real para la construcción. El álamo tiene disponibilidad y condiciones, y este tipo de estudios nos permite empezar a posicionarlo en una nueva etapa productiva”.
Los resultados muestran que estos sistemas pueden contribuir a mejorar la eficiencia energética de las viviendas, reduciendo la necesidad de calefacción y refrigeración, y promoviendo el uso de materiales de origen local.
A partir de este primer antecedente, el desafío es avanzar en la transferencia tecnológica, generar experiencias concretas y consolidar al álamo como un insumo estratégico dentro de la construcción de viviendas en Río Negro, integrando producción, industria y desarrollo.